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Auténtico punto neurálgico del Madrid morisco, hoy, sigue caracterizándose por un bullir constante de personas, tanto foráneas como visitantes que sucumben a los encantos de uno de los rincones más auténticos de la capital…sin tiendas de souvenirs a los alrededores.

La plaza, que desde el primer momento tuvo una finalidad mercantil, se enclavó a principios del siglo VXI sobre unos terrenos pertenecientes a la encomienda de Moratalaz.

En sus orígene, el “grueso” de la actividad de la plaza se centraba en el mercado de tocino, legumbres y cereales, de ahí el nombre de “Cebada” con el que enseguida comenzó a ser conocida. Era un mercado abierto, en el centro del cual se encontraba una original fuente que representaba a cuatro osos que vertían agua sobre cuatro tazas labradas a lo alto de una columna…

En 1870 de inauguró el mercado cubierto, según el estilo de arquitectura de “hierro forjado” de inspiración “Eiffel”, tan en boga en la época. Posteriormente, a mediados del siglo XX, se llevó a cabo una remodelación, para adecuarlo a las exigencias sanitarias del momento.

Pero además de su importancia como escenario de la compraventa de alimentos, esta plaza también fue punto de referencia por otros acontecimientos directamente vinculados a la Historia de Madrid. En ella se celebraron en los siglos XVI y XVIII las famosas “ferias de Madrid”, de las que tenemos una perfecta crónica en los escritos de Lope de Vega. Pero sin duda, uno de los acontecimientos más trascendentes fue la canonización de San Isidro.

Además del mercado, que ocupa buena parte de la plaza, también hay que destacar en la zona la presencia del Teatro La Latina, construido sobre parte del solar que un día ocupó el Hospital del mismo nombre, fundado por Beatriz Galindo en 1499.

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Un dato a tener en cuenta: para descubrir cómo eran tanto la plaza como el mercado en los siglos XIX y XX, nada mejor que visitar la boca de metro de La LAtina, en cuyos muros se pueden contemplar, a tamaño casi real, fotografías de la época que reflejan la historia de este rincón madrileño.

Otro encanto de Madrid escrito de la mano de Carla Nieto, en su libro “Los secretos de las calles de Madrid”