Durante muchos años, más de los que me gusta contar, llevo dedicándome al “Sector Inmobiliario”; concretamente a la intermediación en la compra y venta de inmuebles, fundamentalmente viviendas de segunda mano.

He visto cambios tecnológicos que favorecen la realización de nuestro trabajo. Plataformas publicitarias, seguimiento de operaciones a través de las mismas, informatización de las herramientas que utilizamos cada día (registros, catastro, ayuntamientos, comunidades autónomas, etc.).

He asistido a muchísimos cursos de marketing en los que mostraban como obtener los mejores resultados en el trabajo diario. He conocido como trabajan en buena parte del mundo y específicamente en los Estados Unidos, cuáles son sus métodos y cuáles sus resultados…

Pero quiero dejar por escrito, cuál es el resultado en nuestro país de los nuevos métodos implantados. Y para ello, lo primero que quiero es contaros el motivo de que quiera hacer público éste escrito.

Hace pocos días llegó a mi despacho un cliente que ya es “antiguo cliente”. Me explicó cómo le habían localizado dejando en uno de sus apartamentos de alquiler (actualmente en alquiler turístico) una tarjeta de visita a unos clientes que tenía hospedados de nacionalidad sueca. Al tiempo hablaron con el portero de la finca, quien le indicó donde trabajaba la persona propietaria de la vivienda, a fin de que no se supiera de donde había salido el dato. Llamaron a la empresa y preguntaron por mi cliente, derivando la llamada a una ex compañera de trabajo, quien se puso en contacto con él y le explicó que le estaban tratando de localizar.

 

La empresa a quien representaba la persona encargada de la búsqueda de la propiedad pertenece a una de las grandes cadenas franquiciadas de éste país. Y no es ni verde ni roja, (quienes me consta utilizan estas prácticas) sino dorada.

Efectivamente mi cliente se puso en contacto con el “detective”, y le amenazó (no sé si lo hará) con poner una denuncia, por acoso e intromisión en su vida privada.

Quiero desde aquí, pedir a los particulares que se vean sometidos a un acoso de éste tipo, que pongan en marcha mecanismos para evitarlo. No querría jamás sentirlo en ningún momento y me avergüenzo de que “mi competencia” que realmente  aseguro que no lo es, utilice prácticas cuyo uso no deberían quedar impunes.

 

 

Esos no son métodos “americanos”. Es una vergüenza nacional, a la que los Colegios y las instituciones deberían poner freno de alguna forma.

 

 API 1292.

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